¿Cuál es mi nivel de estrés?
El diagnóstico de enfermedades relacionadas con el estrés, como el burn-out, es competencia del personal médico. Sin embargo, hay señales de nuestros niveles de estrés que pueden alertarnos antes de que surjan problemas mayores. Detectar estas advertencias nos ayudará a elegir una solución adecuada.
En un artículo anterior, hablé sobre los distintos
perfiles de respuesta al estrés, o Coping, de los cuales depende la forma en que se
manifestará un estado de estrés, y que será diferente según el temperamento de cada cual.
Sin embargo, existen mecanismos fisiológicos en respuesta al estrés comunes a
todas las personas y que se manifiestan independientemente a nuestro
perfil.
De hecho, la gestión del estrés está orquestada en el cuerpo
por una cascada de secreciones hormonales por parte de las glándulas
suprarrenales, combinada con la liberación de neurotransmisores. Dependiendo de la fase de estrés en la que estemos, produciremos unos químicos u otros.
Fase 1 o alarma
La presencia de una amenaza, o "factor
estresante", desencadena la producción de noradrenalina (precursora de la
adrenalina) al principio. Esto provoca un aumento de energía en ciertos
órganos, para asegurar la respuesta de "lucha o huida". Estos órganos
incluyen el cerebro, los órganos sensoriales y el sistema musculoesquelético.
Esta fase se caracteriza por un estado de alerta permanente. El cuerpo está
adaptado para soportar este nivel de estrés. Si se elimina la amenaza, los niveles
químicos vuelven a sus niveles normales.
Fase 2 o resistencia
Si la amenaza se prolonga, el aumento de la
secreción de cortisol ayuda a mantener esta respuesta inicial de alerta. En este punto, el nivel de
serotonina (mediador del buen ánimo) está en su punto máximo, antes de comenzar
una caída drástica. La dopamina (que estimula la acción) comienza un descenso
más gradual en esta segunda fase. En esta etapa empiezamos a notar signos de
fatiga, así como falta de concentración y fallor de memoria.
Fase 3 o agotamiento
En esta fase, el estrés se vuelve crónico y nuestras
reservas se agotan. Esto se manifiesta en una caída de todos estos compuestos
químicos en el cuerpo, especialmente la serotonina. Nuestros niveles de energía
son bajos y nuestra moral está en mínimos históricos.
Utilizando un test DNS (dopamina, noradrenalina y
serotonina), podemos estimar nuestros niveles de neurotransmisores en cualquier
momento. Esto nos dará algunas pistas sobre el nivel de estrés que estamos
sufriendo. De la misma manera, podremos adivinar la fase en la que nos
encontramos. Dependiendo de los resultados, que siempre son indicativos,
podremos considerar una solución. Si el nivel es bajo o medio, podemos intentar recuperar el equilibrio con la ayuda de la alimentación, suplementos alimentarios, y cambios en los hábitos de vida. Por otro lado,
si el nivel es alto o sospechamos que estamos en la fase de colapso, es necesario
acudir al médico.
Fuentes:

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