La mala prensa de las terapias naturales
Me topé hace algún tiempo con un ferviente détractor de lo que llamamos terapias naturales, y nuestra breve discusión me dio mucho que pensar. Pues a pesar de ser un sector de actividad que no deja de crecer y afirmarse, la medicina natural es percibida por un gran número de personas como pura charlatanería. No voy a intentar convenceros en este artículo de la veracidad de este conjunto de prácticas, sino que os propongo analizar esta mala prensa que tan paradójicamente tiene.
Mi primera reacción ante las categóricas aseveraciones de esta persona en contra de las terapias alternativas fue preguntarle si había tenido una mala experiencia al respecto. Me esperaba un relato de decepción tras una visita de naturopatía, o peor, un litigio por daño físico tras un protocolo de acupuntura u otra práctica. Para mi sorpresa, esta persona no había pisado nunca el gabinete de un o una practicante de este tipo. Me interesé entonces por las fuentes de información que habían nutrido tan negativa representación, y un poco confundida, la persona acabó diciendo que era por lo que había leído en internet. Mi sorpresa se agrandó con su respuesta, pues la persona en cuestión era un joven bastante inteligente e instruído, dotado, en principio, de suficiente pensamiento crítico como para cuestionar los mensajes sensacionalistas (positivos o negativos) de las redes. La conversación no fue más lejos, pues celebrábamos la nochebuena en ese preciso momento, pero yo elaboré, más tarde, los motivos por los cuales nuestro sector es percibido, a veces, de manera tan negativa.
En primer lugar, la persona que dio pie a esta reflexion, se mostró muy firme en su convicción de que la medicina natural no cura. Aquí reside sin duda uno de los principales malentendidos que nutren la imagen negativa de este tipo de prácticas. Pues cabe recordar que la medicina en general se divide en dos tipos de enfoque: por un lado está la visión curista y por otro la salubrista. La primera pone el acento en curar, cuando la enfermedad ya está manifestada, y la segunda en mantener la salud para que la enfermedad no se desarrolle. En este sentido, la medicina convencional o alopàtica tendría una orientación más curista, y la medicina natural más salubrista. En efecto, el principio de cualquier tipo de medicina basada en el uso de elementos de la naturaleza o en el estímulo de la energía del propio cuerpo, es el de favorecer la vitalidad del organismo, para que éste pueda hacer frente a los ataques externos (frío, agentes patógenos, etc.), y a los desequilibrios internos.
De modo que mi obcecado detractor tenía razón, finalmente, al decir que la medicina natural no cura, sino que su objetivo es de promover el equilibrio de la persona. El problema, quizás, es que en general, de manera intencionada o no, cuando se habla de medicina natural no se comunica siempre este enfoque salubrista que le es propio, de modo que se generan expectativas a menudo poco realistas. No olvidemos que muchas de las personas que optan por la medicina alternativa, lo hacen como último recurso, buscando un milagro, cuando la medicina convencional no les da soluciones.
Esto es debido, en parte, a que desde el boom de las terapias naturales en los años 70, han surgido a lo largo de los años múltiples prácticas y técnicas nuevas, así como productos y artefactos que a veces se han vendido como soluciones milagrosas y definitivas, causando a menudo desconfianza y dejando este universo en entredicho. Efectivamente, durante mucho tiempo los medios sensacionalistas han hecho eco de esas promesas dudosas, cuando una de las primeras reglas en el mundo del bienestar es de no prometer una cura. Para empeorar el cuadro, algunos autores han publicado libros con títulos alarmantes proclamando soluciones alternativas a enfermedades graves, y más recientemente, ciertos o ciertas influencers se han visto delante del juez por incitar a prácticas peligrosas.
Además, la creciente demanda hacia este sector ha generado una muy rentable industria de suplementos alimenticios que no se venden necesariamente bajo una óptica de promoción de la vitalidad, sino como una alternativa a los fármacos convencionales. Como diría un gran referente de la naturopatía, el Dr. Xavier Uriarte, pasamos de la bata blanca a la bata verde, o de la pastilla blanca a la pastilla verde. Es decir, que se venden productos y, en ocasiones, se practican este tipo de terapias con la intención de remplazar la medicina alopática, lo que puede contribuir a una imagen errónea de la medicina natural. Pues un suplemento alimenticio no pueden nunca contener la misma cantidad de principio activo que el medicamento que intenta remplazar. De modo que no tendrá la misma acción sobre el organismo, pues el principio de la suplementación es de añadir nutrientes en mayores cantidades que las que aporta la alimentación, para reforzar el organismo, en momentos de necesidad, o como mantenimiento a largo plazo. Además, estos productos son eficaces cuando se inscriben dentro de una estratégia global frente a una problemática, lo cual incluye una revisión de la alimentación, ejercicio físico, buen reposo y gestión de las emociones.
Dicho esto, no debemos olvidar que la medicina natural se apoya en gran medida en productos naturales como son las plantas, las cuales contienen moléculas de acción sobradamente estudiada en el organismo. Es más, los medicamentos que conocemos hoy día están constituídos por versiones sintéticas de las moléculas presentes naturalmente en los vegetales. De modo que no podemos decir realmente que la medicina natural no cura, puesto que las plantas actuan igual que los medicamentos, o mejor dicho, los medicamentos actuan igual que las plantas, sólo que contienen mayor concentración de principio activo, y en consecuencia su acción es mucho más contundente.
Esto enlaza con la creencia popular, que nutre la denigración de las terapias naturales, de que lo natural es inócuo. Cuántas veces habré escuchado la frase "bueno, es de plantas, no me hará daño" frente a un suplemento dietético, a lo que yo respondo, "pues ten cuidado de no comerte cualquier seta que te encuentres en el bosque". Efectivamente, existe la impresión general de que un producto a base de plantas no hace gran cosa, o peor, es placebo. Del mismo modo, existe la creencia de que el efecto de las prácticas energéticas como la acupuntura o la reflexología, "es psicológico". Sin embargo, a las y los profesionales de este sector nos conviene mucho tener un buen seguro de responsabilidad civil, pues si se da una reacción a un producto o a una práctica (como se puede dar en cualquier tratamiento alopático, sino que les preguntes a todos los afectados de los efectos secundarios de las vacunas anti Covid) la responsabilidad es del o de la terapeuta. Pero, ¿no era placebo?
A todos estos factores que llevan a una imágen equivocada (demasiado positiva o demasiado negativa) del mundo del bienestar, se suma la resistencia de las administraciones, y a menudo del colectivo mismo, a regular este sector. Cuando yo estudiaba naturopatía, en los años 2000, se dió en Cataluña un amago de decreto para regular las terapias naturales, el cual llegó a proclamarse, pero que fue rápidamente derogado por el Colegio de Médicos, por miedo al intrusismo o simplemente a perder parte del pastel. De manera que seguimos en una situación de a-legalidad, en la que se nos permite practicar legalmente, sin reconocer la profesión, contribuyendo a la confusión y a la mala prensa. Sin embargo, hay quien considera esta zona gris donde nos encontramos como una ventaja, pues deja un margen de acción que se vería ciertamente recortado si las autoridades acotaran la práctica, pues lo harían bajo el prisma de la medicina convencional. Pero a nivel de imagen, seguimos estando en entredicho.
De modo que existen efectivamente motivos para dudar de nuestro ámbito, como existen del mismo modo múltiples evidencias para confiar en él. Pues la medicina tradicional China se ejerce desde hace cinco mil años en base a los mismos principios que conoció el Emperador Amarillo, y sigue funcionando cuando se practica bien. Los efectos de la Reflexología es una certidumbre cada vez más apoyada por estudios científicos, aplicada en oncología en diferentes establecimientos médicos, y recomendada por instituciones como la Ligue Contre Le Cancer en Francia. En el Reino Unido, este es un sector claramente legitimado, y existen licenciaturas universitarias en este país en Herboristería y en Medicina China totalmente independientes de la medicina alopàtica. En nuestras latitudes, los programas de formación en estas y otras disciplinas son cada vez más serios y completos, y los conocimientos avanzan y se comparten más rápidamente con las nuevas tecnologías. Sin hablar de la honestidad e implicación con la que la mayoría de practicantes trabajamos, pues no he conocido personalmente a nadie, en todos los años que me he dedicado a este oficio, que se haya interesado en las terapias naturales para hacer dinero. Pues incluso los laboratorios que comercializan suplementos han sido muchas veces creados por naturópatas bienintencionados.
Así pues, me parece injusto formarse una opinión únicamente con las impresiones que nos causan ciertas comunicaciones facilonas y sin fundamento que vemos pasar por las redes, pues eso se llama desinformación. Aunque creo que aquellos y aquellas que deciden denigrar las terapias naturales están motivados por otros intereses, ya sean ideológicos, comerciales, o simplemente por una ignoráncia cómoda.
Pues el mundo de la medicina natural sigue siendo minoritario, alternativo, independiente y de algún modo reaccionario. Total, que lo tiene todo para ser perseguido y quemado en la hoguera por los descendientes de la Inquisición. Pero no os preocupéis, pues seguiremos reencarnándonos y contribuyendo al bienestar, como hemos hecho desde los tiempos de los druidas, de las chamanas y de los alquimistas.

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