De gorduras y flaquezas: el peligro de los extremos en la era de las redes


Al tiempo que la moda del 'heroin chic' reaparece preocupantemente entre influencers que marcan tendencias en nuestra juventud, la reivindicación de la gordura se afirma sin pudor, también de manera inquietante. Esta tendencia a los extremos, tan propia de nuestros tiempos, merece ser analizada bajo el prisma del bienestar para intentar encontrar un equilibrio.

Cuando ya creía que nos habíamos librado para siempre de la obsesión con la delgadez, que minó las décadas de mi adolescencia y juventud, veo resurgir recientemente este lastre, reinventado y comercializado con términos más actuales como "thinspiration" (delgadez-inspiración) o "clean girl aesthetic" (estética de la chica limpia). 

Intento mirar hacia otro lado, pero en la esquina opuesta me encuentro con movimientos como el "Orgullo Gordo" que abogan por un empoderamiento de aquellas personas que no responden a esos modelos estéticos esqueléticos.

Esta polaridad me inquieta ya que me parece nefasta y contraria a una mejora de la calidad de vida individual, social y global, que al fin y al cabo es lo que nos hace felices.

La apología de los extremos

Se podrían alegar en ambos casos buenas intenciones, pues la delgadez puede venir dada por un estilo de vida saludable que incluye ejercicio y una alimentación equilibrada, así como la aceptación del sobrepeso combate la obsesión por un tipo de cuerpo idealizado, y la estigmatización de las personas redondas. 

Sin embargo, temo que la realidad de estas tendencias sea menos inocente, y potencialmente más peligrosa que lo que defienden sus bienintencionadas premisas. 

En el caso de la delgadez es evidente identificar la deriva, porque llevamos años asistiendo a los estragos causados por la obsesión de calzarse una talla inferior a la 38. De hecho, según una estadística realizada por el ministerio de sanidad español en 2023, los trastornos de conducta alimentaria (TCA) han aumentado en la última década, especialmente en adolescentes y mujeres jóvenes, y las hospitalizaciones por este motivo incrementaron del 15% durante la pandemia en menores de 18 años. 

En efecto, un índice de masa corporal inferior a 18 implica un mayor riesgo de:
  • Mortalidad en todas las edades;
  • Desnutrición con lo que ello conlleva (deficiencias de nutrientes que pueden llevar a la anemia, la osteoporosis o la infertilidad);
  • Infecciones, a causa de un sistema inmune debilitado;
  • Complicaciones en embarazo: partos prematuros, bajo peso del bebé;
  • Problemas psicológicos: ansiedad, depresión, distorsión de la imagen corporal;
  • Arritmias cardíacas, fallo renal, muerte súbita.
De modo que por mucho que se pretenda glamurizar el retorno al estilo Twiggy, sabemos muy bien que la anorexia nerviosa y la delgadez extrema comportan peligros para la salud que no podemos ignorar. 

Por su parte, la defensa del sobrepeso, liderada por organizaciones como la NAAFA (National Association to Advance Fat Acceptance), es mejor percibida como una iniciativa necesaria frente a la gordofobia, y como una lucha precisamente contra la obsesión por la delgadez. Frente a las acusaciones de "normalizar la obesidad" de las que ha sido objeto este movimiento, sus representantes aseguran que el objetivo es poner fin al acoso y asegurar un acceso equitativo a la salud.  

Sin embargo, no podemos olvidar que el sobrepeso y la obesidad son factores de riesgo sobradamente conocidos de muchas alteraciones de la salud:
  • Enfermedades cardiovasculares (1ª causa de muerte mundial);
  • Diabetes tipo 2;
  • Cánceres de mama, colon, endometrio, hígado, vesícula, riñón o páncreas.
  • Enfermedades respiratorias crónicas;
  • Problemas musculoesqueléticos;
  • Riesgo psicológico: estigma, depresión, ansiedad, bullying.
Podría añadir que la obesidad infantil (tema que abordé en otro artículo) implica una mayor probabilidad de obesidad en la edad adulta y desarrollo temprano de enfermedades no transmisibles. No olvidemos que casi el 60% de la población adulta europea tiene sobrepeso u obesidad.

Por lo que esta defensa de las tallas XXL también me preocupa, pues me parece muy fácil caer en un discurso tóxico, y que se use como excusa para mantener hábitos de alimentación y de vida muy poco saludables. 

Diferentes tipos de sobrepeso y de delgadez

Habiendo dicho esto, cabe señalar que el peso corporal es relativo y no podemos utilizarlo como indicador único y reduccionista de la salud y el bienestar.

Quiero decir que, durante mucho tiempo, hemos utilizado el índice de masa corporal (IMC) que se calcula dividiendo los kilos de peso por la talla al cuadrado, como medida universal para determinar el nivel de peso de la persona, según un baremo. Sin embargo, este es un concepto obsoleto, creado en el s. XIX para poblaciones europeas y no considera la composición corporal (músculo vs. grasa) ni las diferencias étnicas.

Recuerdo que, en la época en que acompañaba como naturópata a personas en la regulación de su peso corporal, insistía a mi clientela en no obsesionarse con el peso, sino más bien en tener un pantalón de referencia, para valorar fluctuaciones. De hecho, mi balanza en consulta diferenciaba entre IMC, retención de líquidos o masa muscular.

En efecto, en nuestros días se defiende que hay personas con "sobrepeso" metabólicamente sanas, cuyos test sanguíneos no presentan anomalías. Pues ese supuesto exceso de peso puede ser debido a un aumento de masa muscular, o simplemente a una masa de grasa que no provoca problemas. 

De hecho, dediqué un artículo a diferenciar los tipos de grasa corporal, pues no es lo mismo la grasa visceral (especialmente la abdominal) que libera sustancias dañinas para el cuerpo, que la grasa subcutánea (celulítis) que comporta bajo riesgo metabólico. Es lo que llamamos "obesidad androide" versus "obesidad ginecoide". Esta diferenciación genera un indicador o "índice cintura-cadera", que se calcula dividiendo estas dos medidas, cuyo resultado inferior a 0,85 en mujeres o 0,9 en hombres, indica un nivel de grasa visceral peligroso.

🍎 **Obesidad androide** ("manzana"):
- Grasa abdominal (visceral)
- Riesgo alto: diabetes, enfermedades cardíacas

🍐 **Obesidad ginecoide** ("pera"):
- Grasa en caderas/muslos (subcutánea)
- Riesgo bajo: celulitis, pero menos metabólico

Del mismo modo, la esbeltez y languidez también pueden ser naturales y perfectamente sanas. Todo el mundo conoce a alguien cuya delgadez persiste a pesar de llevar una alimentación rica en carbohidratos, pues cuenta con una constitución heredada que metaboliza los alimentos pesados mejor que el resto de los mortales. Estas personas pueden mantenerse eternamente delgadas, incluso después de la menopausia en el caso de las mujeres, sin sufrir problemas de salud relacionados con el peso. La prueba es que Twiggy va a celebrar muy pronto sus 77 años y aparece con bastante buen aspecto en fotos recientes.

Por lo que la gordura no es necesariamente sinónimo de enfermedad así como la delgadez no es sinónimo de salud, y el peso y la forma del cuerpo son indicadores parciales del estado de salud y vitalidad del organismo, el cual es multifactorial. El problema es que en redes sociales, los mensajes extremos suelen tener más visibilidad (porque generan más interacción), y se distorsionan imágenes e información, creando una peligrosa confusión, y comportamientos de riesgo que nada tienen que ver con ese "sobrepeso sano" o esa "delgadez natural".

La estigmatización y la falta de responsabilidad, los verdaderos problemas

Así pues, al fin y al cabo, el peso (por exceso o por defecto) puede suponer un problema o no, pero indagando un poco más descubrimos que el problema principal es todo lo que genera salirse de los cánones normativos. 

En efecto, el estigma por peso, en sí mismo, aumenta el riesgo de diabetes y enfermedades cardíacas en personas con obesidad, independientemente de su IMC. De modo que una persona "gorda" pero sana puede desarrollar enfermedades debidas al estrés que le genera la imagen que tiene de ella misma, o por el acoso que genera su cuerpo. Se ha observado, además, que las personas gordas evitan ir al médico por miedo a ser juzgadas, lo cual retrasa diagnósticos (cáncer, diabetes), y que el estrés crónico por la gordofobia puede aumentar la inflamación y el riesgo de enfermedades cardíacas.

Por otro lado, si la obesidad se trata como una epidemia a la cual se le asocian factores socio-económicos, la delgadez extrema es considerada como un problema individual. Sin embargo, parece ser que el algoritmo promueve en Tik Tok cuentas pro-ana (anorexia) y pro-mia (bulimia) bajo etiquetas como "skinny goals" o "what I eat in a day", con dietas de menos de 800 calorías diarias. Por su parte, un estudio de Royal Society for Public Health (2017) encontró que Instagram es la red social que más empeora la autoestima corporal en adolescentes. Por lo que el problema, en ambos casos, tiene un contexto bien anclado en la sociedad, la cual no asume siempre su parte de responsabilidad.

La clave: equilibrio entre salud y aceptación

En el marco de ese acompañamiento a la regulación del peso que practiqué durante un tiempo, siempre añadía una frase en el documento donde les indicaba la dieta semanal, que era: "quiere a tu cuerpo tal y como es, sólo así podrás mejorarlo". Pues me parecía evidente la necesidad de promover un enfoque constructivo, desde la auto-estima, más que una batalla contra el propio cuerpo. 

Del mismo modo, creo que la solución para equilibrar esta oscilante balanza, pasa por fomentar una mentalidad sana respecto al cuerpo, a un nivel más colectivo, enseñando nutrición (y no dietas) y autoestima (y no estándares de belleza) en escuelas. 

Está claro que una regulación política de la publicidad y de las redes sociales respecto al consumo y a los mensajes para determinados públicos, marcaría toda la diferencia, pero esta es una batalla quizás aún más difícil de ganar que la de regular el propio peso y adquirir hábitos sanos. Aunque no por ello debemos dejar de exigir a las autoridades de tomar cartas en el asunto.

Pues al fin y al cabo lo que nos interesa es sentirnos bien en nuestro cuerpo como en nuestra mente, y también, por qué no, en nuestra familia, en nuestro barrio y en nuestro mundo. Para ello, más que medir, pesar y juzgar a las personas bajo baremos arcaicos, irreales y absurdos, es necesario educar (a niños-as y adultos-as) en los buenos hábitos, que incluyen alimentación sana, ejercicio, reposo y gestión de las emociones. Y sobre esas bases, que el cuerpo adopte libremente la forma única y genuina que corresponda a cada cual.

Artículo escrito con la ayuda de un asistente virtual. La elección del tema, así como la redacción final son mías. Los datos facilitados por la IA, así como las fuentes utilizadas, han sido verificados.

Fuentes:

Imagen: Lars Aronsson, CC SA 1.0, via Wikimedia Commons

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