La tiranía de la felicidad


La tiranía de la felicidad es el hecho de atribuir al individuo la obligación absoluta de su felicidad. Por lo tanto, es responsable único de su propia gestión del estrés. Sin embargo, algunos autores están empezando a desvelar el aspecto simplista y sesgado de este enfoque de la industria del bienestar. En efecto, se empieza a cuestionar este principio de imputación individual, que olvida la implicación del sistema en nuestro malestar. De modo que, en nuestro empeño por mejorar y estar bien, ¿hemos caído en una trampa?

He descubierto lecturas recientemente que plantean este tipo de preguntas. No es por casualidad: después de más de veinticinco años en este sector, yo misma me hago preguntas. He visto unas cuantas  personas que llevan años "consumiendo" productos y servicios de "bienestar", atrapadas en una infelicidad permanente. Como si se les escapara algo esencial.

Así, descubro que los principios clásicos del bienestar y el desarrollo personal están en línea con una forma de pensar bastante liberal. Mensajes como "la respuesta está dentro de ti" o "conviértete en la mejor versión de ti mismo" liberan a las empresas y autoridades de la responsabilidad de cuidar del individuo, imponiendo esta obligación al propio ciudadano. Si lo piensas, este es el mensaje clásico del capitalismo "si quieres, puedes", basado en la meritocracia. Un mensaje que omite la diferencia entre nacer en un contexto privilegiado o no.

Por ello, algunos autores explican el espectacular crecimiento de este sector mediante una inversión económica y mediática por parte de los principales actores del neoliberalismo. Es decir, la cultura de "sentirse bien" habría sido fomentada intencionadamente. La intención sería superar el "paternalismo" característico de las instituciones de los siglos XIX y XX. Así que, a partir de ahora, el individuo debe cuidarse a sí mismo, porque ni la empresa ni el Estado tienen la voluntad de hacerlo.

Sin embargo, esta estrategia silenciosa ha producido un efecto bumerang, pues puede que sea por esta misma presión, que tantos trabajadores están de baja por agotamiento. Nos han hecho creer que si no tenemos éxito, o si, al menos, no somos felices y realizados en nuestro trabajo o en nuestra vida familiar, solo puede ser por culpa nuestra. Por tanto, no es de extrañar que un número creciente de personas sienta que ha fracasado, sentimiento que a menudo termina en burnout. Por otro lado, apenas se cuestiona los modelos económicos y sociales. Modelos que obviamente no son muy eficaces, ya que tanta gente está perdiendo el control.

Podríamos pensar que esto contradice la nueva tendencia de las empresas de instalar espacios y herramientas de bienestar en sus establecimientos. Sin embargo, el objetivo final de estos enfoques no es otro que mejorar la productividad del empleado. Además, estos dispositivos suelen actuar a un nivel superficial, y no estructural, del bienestar del empleado. De hecho, organizar zonas de relajación o talleres de meditación puede parecer bien intencionado. Sin embargo, esto no aporta necesariamente estabilidad y seguridad, sobre las que el trabajador pueda construir su vida y proyectarse a largo plazo.

De hecho, al fin y al cabo, ¿a quién beneficia más de nuestra búsqueda individual y solitaria del bienestar? ¿a nosotros mismos? ¿a nuestra familia, a nuestra empresa o, en resumen, al sistema que fomenta esta responsabilidad personal? Porque, mientras luchamos contra nuestro sentimiento de infelicidad, a menudo olvidamos luchar contra las condiciones de vida que participan a esta infelicidad.

En el contexto de la gestión del estrés, esta reflexión es más que relevante: ¿necesitamos aumentar nuestra resiliencia para sobrevivir a una situación muy estresante? ¿O deberíamos negarnos a mantener una situación insostenible, para impulsar un cambio?

Sé que cuando estás cerca del agotamiento, la prioridad es la supervivencia inmediata, y es difícil ver la situación desde una perspectiva más global. En el mejor de los casos, encontraremos energía solo para poner en marcha estrategias para sentirnos mejor y no colapsar. O buscaremos ayuda para recuperarnos, si ya te nos hemos derrumbado. Rara vez nos quedará energía para librar batallas sociales, políticas o medioambientales. Sin embargo, no podemos olvidar que los beneficios actuales que disfrutamos son el resultado de las batallas de nuestros mayores.

¿Qué hacer entonces? ¿dejar de intentar mejorar? ¿permitir que todo se derrumbe, como una rebelión contra la tiranía de la felicidad?

A pesar de esto, sigo convencida de que debemos cuidarnos a nosotros mismos, porque al mejorar individualmente participamos en el bienestar colectivo. Pero estas lecturas me recuerdan que existe un contexto que tiene un impacto directo en nuestro bienestar. Así, nuestro equilibrio depende del trabajo personal que hacemos, pero también de nuestro compromiso con un mundo mejor. Y es cierto que la industria del bienestar se centra más en el individuo que en la comunidad.

Por tanto, se trata de mejorar la situación personal inmediata, sin perder de vista el entorno, la sociedad y el planeta, porque todas estas dimensiones son interdependientes. No quedarnos mirándonos el ombligo creyendo que todo depende absolutamente de uno o una, ya que sin duda hay un factor ambiental que pesa. 

La buena noticia es que podemos usar las herramientas del bienestar para librar esta doble batalla.

En efecto, las flores de Bach pueden, por ejemplo, ayudarnos a afirmarnos para decir no a la sobrecarga de trabajo. El ejercicio físico adaptado puede sacarnos de nuestro aislamiento para encontrar apoyo en la comunidad, lo cual puede ayudar, al mismo tiempo, a poner nuestra situación en perspectiva, gracias a las opiniones externas. Cuidar nuestra alimentación puede llevarnos a militar por una agricultura de mejor calidad, incluso si actuamos a nivel local mediante pequeñas acciones, como apoyar a empresas que venden productos de agricultores locales comprometidos.

En resumen, os animo a reflexionar en esta dirección, pues puede ser muy liberador encontrar el valor de informar a recursos humanos de este jefe tóxico, que es en parte responsable de nuestro malestar. O presionar a nuestro ayuntamiento para implementar soluciones de transporte colectivo, lo que aliviaría parte del estrés de nuestras carreteras. En resumen, salir de esta tiranía de la felicidad como una forma más de gestionar el estrés.

Pero para poder pelear, tenemos que estar en forma, así que cuidarse sigue siendo necesario. Y no hay nada mejor que los remedios naturales para ello.

 

Fuentes:

Foto: Anna Orench

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