viernes, 29 de mayo de 2020

¿Quién fue René Gattefossé?

 



El siglo XX fue un periodo de redescubrimientos en que Occidente sintió un deseo irreprimible de escrutinar, bajo la óptica de su microscopio científico, terapéuticas ancestrales. René Gattefossé, una de estas mentes curiosas, se interesó por azar en las propiedades de ciertas substancias usadas principalmente en perfumería. Ello dio paso a un nuevo universo que perdura y que sigue expandiéndose como una esencia infinita.


En 1881, la ciudad francesa de Lyon vio nacer el tercer hijo de la familia Gattefossé, propietaria de una importante empresa fabricante de productos de perfumería y droguería. René ingresó en la empresa familiar después de realizar sus estudios en ingeniería química, y empezó desde muy joven a liderar diversas iniciativas en defensa de la industria de la perfumería. Sin embargo, su celebridad se debe a un acontecimiento fortuito que originó una nueva industria que hoy conocemos como Aromaterapia.

Es bien sabido que el uso de los aceites esenciales se remonta a los albores de la civilización, pues 2000 años A.C. encontramos un papiro egipcio que habla de "finos aceites y esencias" usados en los templos. En este mismo periodo, la medicina ayurvédica de la India constata el uso de especies y plantas aromáticas, y en China, el Tratado de Acupuntura y Moxibustión del Emperador Amarillo indica las aplicaciones terapéuticas del gengibre, entre otros vegetales de los que se substrae aceite esencial.

Por su parte, Hipócrates de Cos, padre de la medicina moderna, aconsejaba en el siglo IV A.C. el "kyphi", un preparado a base de esencias que podía ser usado tanto en perfumería como para calmar las inflamaciones y las heridas.

En la baja Edad Media, el médico árabe Avicena recuperó la téchnica de la destilación y perfeccionó el alambique, con el que extraer aceites esenciales de plantas aromáticas, ingredientes indispensables en sus preparados mediamentosos. Durante el medievo tardío, tiempo de oscuras epidemias, las plantas aromáticas fueron extensamente utilizadas en fumigaciones.

Sin embargo, con la renovación que supuso el Renacimiento, las esencias aromáticas quedaron relegadas a esta función saneadora y a la confección de perfumes, la ciencia habiendo tomado el relevo de las medicinas naturales, y habiendo conseguido sintetizar medicamentos a base de principios activos en sus laboratorios,

De modo que en los albores del siglo XX, los aceites esenciales de las plantas aromáticas no tenían un lugar relevante en la farmacopea moderna.

Hasta que en 1910, René Gattefossé se quemó las manos en el laboratorio de la empresa familiar y un duende de las plantas, perdón, su lógica científica, le sopló al oído la idea de aplicar aceite esencial de lavanda sobre las quemaduras. La rápida y sorprendente cicatrización de su piel lo motivó a investigar las propiedades terapéuticas de los aceites esenciales y descubrió que estos eran más eficaces cuando aplicados en su totalidad, que su principio activo aislado, o su equivalente sintético. Todo ello le llevó a acuñar el término "Aromaterapia" en 1928, a publicar su obra "Aromathérapie - Huiles essentielles - hormones végétales" en 1937, y a convertirse en el abanderado de una nueva terapéutica que se abriría paso en el mundo, instalándose hasta nuestros días. Gattefossé publicaría muchos otros escritos sobre la aromaterapia a lo largo de su vida, y crearía productos con aceites esenciales, como el "salvol", desinfectante que usó en hospitales durante la primera guerra mundial. Fue un investigador incansable, se interesó intensamente por las terapéuticas ancestrales, que intentó siempre conciliar con la ciencia, y murió en Casablanca en 1950 a la edad de 69 años, dejando un importante legado en el campo de la cosmetología y la perfumería.

No obstante, no fue realmente el único en interesarse por las propiedades de los aceites esenciales, pues, en 1882 la Squire's Companion to the British Pharmacopeia ya había publicado una lista de aceites esenciales y sus propiedades terapéuticas, y otros investigadores como Chamberland en Paris habían realizado estudios sobre la eficacia de ciertos aceites esenciales en el tratamiento de la fiebre amarilla, a finales del siglo XIX.

Paralelamente, su compatriota y contemporáneo Albert Couvreur, había estado investigando por su parte y publicó en 1939 un libro sobre las propiedades medicinales de los aceites esenciales.

Por lo que, quizás el resurgimiento del uso terapéutico de las esencias aromáticas era inevitable, porque la configuración astral de la primera mitad del siglo XX se prestaba a ello, y no es completamente atribuible a René Gattefossé. Pero la providencia quiso que fueste este caballero, nacido entre campos de lavanda y criado con unguentos aromáticos, quien se quemase las manos en su laboratorio, y es gracias a ello hoy hablamos de Aromaterapia y la practicamos a lo ancho y largo del planeta.

Tal vez sin él estaríamos hablando en otros términos: "esenciaterapia", "médicaromas" u otra cosa. Pero quizás sin él no hablaríamos más de aceites esenciales y seguiríamos usando estas maravillosas substancias para hacer saumerios y perfumar jabones únicamente, lo cual sería una verdadera pena. Menos mal que existen los duendes soplones, o la curiosidad científica, o los caprichos de las estrellas, o todo junto.

Fuentes:

  • https://fr.wikipedia.org/
  • BATTAGLIA Salvatore, The Complete Guide to Aromatherapy, The Perfect Potion, Virginia 1995.
  • DAVIS Patricia, Aromatherapy an A-Z, The C.W. Daniel Company Limited, Essex 1988.
  • LAWLESS Julia, The Encyclopaedia of Essential Oils, Element Books Limited, Dorset 1992.
Foto: Par RMG © Gattefossé — Archives Gattefossé, CC BY 3.0,  https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=3446607

lunes, 18 de mayo de 2020

Plantas de acción anti-inflamatoira versus Covid-19










Muchos somos los que, confrontados a la situación sanitaria actual, nos hemos precipitado a buscar soluciones naturales para fortalecer nuestra inmunidad, pues nosotros los naturófilos confiamos en el mantenimiento de un terreno (o constitución física) sano  como estratégia para hacer frente a los desequilibrios de salud. 


Abundante información (y desinformación) ha sido publicada al respecto en las redes desde que empezó la crisis, a menudo contradictoria, desde el colectivo médico alopático como desde el sector de las terapias naturales. Un ejemplo claro es el uso de la mascarilla casera, desdeñada en un comienzo, autorizada e incluso impuesta actualmente. Por lo que ha sido necesario responsabilizarse de las propias decisiones, entre ellas la toma o no de suplementos alimenticios. 

Un artículo que llamó mi atención nos ponía en guardia sobre la acción inmuno-moduladora de ciertas plantas medicinales. En él se afirmaba que el hecho de potenciar nuestras defensas indiscriminadamente, podía tener un efecto contraproducente frente a la infección del Covid-19, pues el mecanismo del virus era todavía poco conocido, y la respuesta inmunitaria necesaria, por consecuencia, también. En ese momento me dije que todo lo que fuese prevención, para evitar una infección, no podía estar de más, y que en caso de contaminación, era desde luego una buena idea consultar con el generalista. Pero me quedé en estado de alerta. 

Como respuesta providencial a mis dudas, recientemente el Anses (agencia francesa de seguridad sanitaria de la alimentación, del entorno y del trabajo), ha publicado una notificación en la que incluye un grupo de plantas medicinales de acción anti-inflamatoira, que deben evitarse ante la aparición de los primeros síntomas de Covid-19. La nota especifica que estas plantas no promueven el contagio, pero pueden empeorar el cuadro si las complicaciones respiratorias se manifiestan. Esto es porque una cierta acción inflamatoria es una respuesta inmune natural de nuestro organismo, necesaria en este contexto, y que no debe suprimirse con substancias ni de síntesis ni naturales. De hecho, todos hemos escuchado casos de jóvenes fallecidos al contraer el virus porque tomaban anti-inflamatorios. En mi entorno inmediato, a una persona su médico retiró, alarmado, un tratamiento contra las alergias porque contiene corticoides. 

Por lo que, por una vez, no me parece que este comunicado tenga como objetivo denigrar la acción de las medicinas naturales. El documento (de 51 páginas) habla de las distintas repuestas inmunitarias del organismo, y de los compuestos de acción anti-inflamatoria no esteroideos (AINES) presentes en plantas que contienen derivados salicílicos (análogos de la aspirina) como el Sauce (Salix spp Salicaceae), la Ulmaria (Filipendula ulmaria), el Abedul (Betula spp Betulaceae), el Álamo (Populus spp Salicaceae), la Vara de oro (Solidago virgaurea), o la Polígala (Polygala radix). Plantas que contienen otros compuestos vegetales anti-inflamatorios son también mencionadas, como son el Harpagofito (Harpagophytum procumbens), la Regaliz (Glycyrrhiza glabra), la Cúrcuma (Curcuma longa), la Boswellia (Boswellia serrata) o incienso olibanum, y la Mirra (Commiphora mukul). Otras plantas, de acción inmuno-moduladora además de anti-inflamatoria, como la Equinácea (Echinacea angustifolia) o la Uña de gato (Uncaria tormentosa) completan esta lista. 

Si partimos de la premisa que la primera intención de un profesional del bienestar debe ser de no hacer más daño, y que lo natural no es inocuo, me parece legítimo tomar precauciones frente al consumo de suplementos alimenticios naturales, dentro del marco de una pandemia sin precedentes. 

Por lo que os aconsejo, aunque sólo sea por esta vez, hacer caso de lo que las autoridades nos dicen, y abandonar el consumo de suplementos que contengan estas plantas si perdemos el olfato, el gusto, si tenemos fiebre, en fin, ya conocemos los síntomas. 

Lo cual no quita que sigamos comiendo bien, durmiendo bien, respirando algo de aire puro, haciendo un poco de ejercicio y que gestionemos las emociones porque el terreno siempre será la base. Cuidaros. 

Fuentes:
  • https://www.anses.fr/fr/content/l%E2%80%99anses-met-en-garde-contre-la-consommation-de-compl%C3%A9ments-alimentaires-pouvant-perturber-la
  • https://www.anses.fr/fr/system/files/NUT2020SA0045.pdf
Imagen: Lela Maffie de Pixabay