Cómo sobrevivir a los excesos navideños
Hubo un tiempo en que la Navidad era un entrañable momento de reencuentro familiar que se festejaba con alimentos y bebidas en generosas cantidades, reservados para esta ocasión pues sólo se trataba de la nochebuena y la nochevieja. Este tiempo, los de mi generación no lo hemos conocido, pues hemos crecido en la sociedad de consumo que provee de todo en todo momento y a precio asequible, aunque la calidad se haya visto comprometida. Por lo que estas fiestas se han transformado en un legítimo atracón desenfrenado al que cuesta resistirse y que dura bastante más que dos noches. De modo que, a no ser que tengamos la determinación y el aplomo de un maestro zen, o que pasemos las vacaciones hivernales de retiro en el Tíbet, lo más probable es que la transgresión dietética sea la norma estos días, por más consumidores responsables que seamos y por mucho que nos importe nuestro bienestar. La bacanal es, casi siempre, inevitable. Este regocijo en el exceso, que se justifica con la fratern...