El Tao del Tango
Aprendí a bailar Tango hace unos años, esperando encontrar un medio para conectar más con mi sensualidad. En lugar de eso, me topé con un dilema respecto al rol de la femeninidad en la actualidad. Hoy, con motivo del día internacional de los derechos de la mujer, me decido por fin a escribir este artículo sobre la dinámica del Tango y el poder del Yin, o principio femenino, que hace tanto tiempo tenía en mente. Pues, ¿es realmente el Yin tan sumiso como nos parece?
Yo crecí con la danza clásica y el flamenco, que cursé durante unos cuantos años, de modo que aprender pasos de baile es algo fácil para mí. Además, el movimiento y mi tendencia a la proactividad caracterizan mi naturaleza. Así que en mis primeras clases de Tango, no podía evitar dirigir a mis compañeros de baile hacia un lado u otro, enseñándoles los pasos, que yo había captado a la primera y que en general a ellos les costaba más aprender.
El problema fue que, en el Tango tradicional, la mujer sigue los movimientos del hombre, que es quien guía, y ella se deja llevar. Por lo que las primeras veces que bailé en pareja, mi galán tanguero de ese momento tuvo mucha dificultad en dirigirme, porque yo no me dejaba conducir.
Efectivamente, esta dinámica sexista en la que se me negaba el liderazgo y la autonomía, chocó de frente con los ideales de mujer emancipada a los que adhiero, y que todavía hoy debemos defender con uñas y dientes. La cosa empeoró cuando empecé a ir a "milongas" o salas de baile de Tango, donde la mujer tiene que esperar que un hombre la saque a bailar.
Es por ello que este dilema me llevó a reflexionar sobre el significado del Yin y el Yang y sus relaciones. Pues según la filosofía Taoísta, el Yin representa lo femenino, lo oscuro, lo pasivo y lo receptivo, y el Yang lo masculino, lo luminoso, lo activo y el que da. Estas dos energías están presentes en cualquier fenómeno y son interdependientes. El Tango es un muy buen ejemplo. Curiosamente, el ideograma de la palabra Tao, está compuesto por dos figuras: una que representa una cabeza, y otra un camino, y el Tango se baila caminando.
Sólo que dados los antecedentes históricos en que la mujer se ha visto sometida al hombre, y la tremenda lucha que hasta hoy debemos librar para evitar ser anuladas por el patriarcado, adoptar una actitud Yin es algo que personalmente me cuesta bastante.
Pero no por ello desistí de mis clases de este hermoso baile, de modo que a fuerza de insistir aprendí algo muy ajeno a mi naturaleza: a dejarme llevar. No me resultó nada fácil, os lo aseguro, pero una vez que le cogí el truco, me resultó como un juego. Pues, dejando a parte el Tango de espectáculo o de competición, este baile no se coreografía, y la función del hombre es indicar a la mujer el paso a realizar o la dirección a seguir. De hecho, uno de los chicos con los que bailé el primer año me dijo: "Anna, no veas cómo has cambiado desde que empezamos, ahora pareces una plumita". Me lo tomé como un cumplido.
Porque de hecho, el Tango puede parecer una danza extremadamente sensual y de seducción del hombre hacia la mujer, pero si se conoce bien, es más bien un ejercicio de comunicación entre dos personas, sobretodo si se tiene en cuenta que, originariamente, el Tango se bailaba entre hombres, no necesariamente homosexuales. Se trata de que el que sigue (tradicionalmente la mujer) pueda captar las direcciones del que lidera (el hombre) para que los dos puedan avanzar.
Debo deciros que, en nuestros días, el Tango ha evolucionado y en Londres asistí a un curso de "neo-Tango", en que no nos hablaban de los pasos del hombre o de la mujer, sino del "leader" y del "follower", roles abiertos a hombres, mujeres u otras identidades de género indistintamente. De modo que hay mujeres que aprenden la parte del baile del hombre, y he visto a chicas en milongas sacando a bailar a chicos o a otras chicas.
Pero aunque nos quedásemos con la configuración original del Tango, creo que vale la pena reflexionar sobre el valor de la receptividad, la pasividad, el silencio, en definitiva lo que yo llamo "el poder del Yin". De hecho, el Taoísmo nos dice que "Quien se aplica se complica, quien se abandona logra el don. Hay que ceder, día a día, llegar por fin al no hacer. Entonces, precisamente entonces, sin hacer nada, todo se cumplirá". También Franz Kafka escribió "No es necesario que salgas de casa. Quédate a tu mesa y escucha. Ni siquiera escuches, espera solamente. Ni siquiera esperes, quédate completamente solo y en silencio. El mundo llegará a ti para hacerse desenmascarar, no puede dejar de hacerlo, se prosternará extático a tus pies."
Pero por miedo a que nos pisen, tenemos tendencia a la proactividad, y lo contrario nos parece una debilidad. Quizás olvidamos que el principio del Yin y Yang es el equilibrio. En el momento que uno desborda y oprime al otro, pone en peligro su propia existencia, pues son indivisibles y uno no puede existir sin el otro. Además, estas dos energías son dinámicas, se van transformando, y nada ni nadie es completamente Yin o Yang, todas y todos tenemos estas dos cualidades dentro, que se manifiestan en mayor o menor medida en diferentes situaciones.
Así concluyo que el Tango es un terreno seguro y muy agradable para que las mujeres (o quien quiera) podamos poner de manifiesto nuestra energía Yin, y bailar como plumitas. ¿Qué pensáis?
Fuentes:
- https://es.scribd.com/document/418303224/Tao
- https://es.wikipedia.org/wiki/Tao%C3%ADsmo
- https://citas.in/frases/1307582-franz-kafka-no-es-necesario-que-salgas-de-casa-quedate-a-tu-m/"
Foto: Nikki Vargas from Pixabay

Comentarios
Tu descripción me recuerda el Wu Wei o arte del no hacer. Escuchar, estar presente y fluir.
Y no tiene nada que ver con la pasividad, hay mucha actividad, como en el tango: la mujer no es un peso muerto aunque siga al hombre.
Como bien dices, vivir es un baile, es encontrar el equilibrio entre el dar y recibir, entre la actividad y la escucha, entre el yin y yang.
Al final ¡la vida es un tango!
Gracias por el post