Final feliz
Hace ya casi tres meses que me bajé del Journey para embarcarme, esta vez metafóricamente, en una nueva aventura profesional, de nuevo en el contexto de un Spa, aunque esta vez a unos cuantos kilómetros de la costa, y aún así, en un entorno bien mediterráneo y propio de mi tierra: la ciudad de Dalí, Figueres. Aquí, se me ha ofrecido la oportunidad de seguir creciendo como terapeuta, y como persona, en unas condiciones laborales y de vida bastante más cómodas y saludables que las que viví en el barco. Así pues, atrás quedaron por fin los mareos marinos, los horarios escabrosos, las normas arbitrarias, la comida congelada que no me nutría, y el protocolo que me obligaba a sonreír 24 horas al día (aunque tuviese arcadas) y a ponerme tacones y vestido para subir a cenar al restaurante. Aunque también quedaron cosas que sabía muy bien que iba a echar de menos como los desayunos de bagels con salmón y pastelitos, langosta gratis en la cena, curaciones rápidas y sorprendentes, pasa...