He intentado en varias ocasiones fabricar mi propio desodorante, tanto por cuestiones ecológicas (evitar contenedores de plástico que van a parar a la basura), o de salud (evitar perfumes artificiales tóxicos) como por el puro placer de revivir una de mis vidas pasadas como mujer alquimista.
En cada ocasión he obtenido resultados diversos, en cuanto a textura, aroma o eficacia, más o menos satisfactorios dependiendo de la receta utilizada, que no ha sido siempre realista (no debe una fiarse ciegamente de lo que se publica en internet), como de mi inspiración ese día. Aunque hay que tener también en cuenta que soy incapaz de seguir al pie de la letra ningún tipo de instrucción, pues mi intuición y mi creatividad son más fuertes que mi capacidad de obedecer.
Tengo que decir que, hasta ahora, ninguno de mis productos ha sido totalmente satisfactorio, aunque los he usado todos hasta terminarlos, de modo que sigo probando. Esta mañana he fabricado uno bien distinto a los anteriores, y dado que, a pesar del tremendo calor, unas cuantas horas más tarde mis axilas no emanan ningún efluvio desagradable, he pensado que debía compartirlo con vosotros, que amáis este tipo de cosas.
La base
Así que, en otro de mis intentos, introduje el gel de aloe vera, pues he comprobado que, mezclado con un aceite vegetal (3/4 de gel y 1/4 de aceite) se consigue un serum de una textura mucho menos grasa que se absorbe rápidamente. El problema es que para la materia grasa opté por la manteca de karité, y el resultado no fue el mismo, pues no acabó de mezclar bien. En varias ocasiones he utilizado aceite de coco, menos sólido que la manteca pero más consistente que los otros aceites, y de propiedades bactericidas, muy pertinentes en la confección de un desodorante, pero, como muchos sabréis, este aceite se funde rápidamente con el cambio de temperatura, y a medida que llegó el buen tiempo, la mezcla se volvió completamente líquida.
No es el formato ideal para un desodorante. De modo que esta vez he prescindido de materias grasas y he optado por una solución hidroalcohólica, es decir, una mezcla de 3/4 partes de agua y 1/4 parte de alcohol de 70º.
Los aceites esenciales
De modo que la mejor opción es eliminar las bacterias que se desarrollan en la transpiración de las axilas, que son, de hecho, las verdaderas responsables del hedor bajo nuestros brazos. En aromaterapia tenemos una extensa variedad de posibilidades pues los aceites esenciales son todos, por definición, antisépticos, existiendo algunos específicamente anti-bacterianos como el árbol del té (Melaleuca alternifolia) el tomillo blanco (Thymus mastichina) o el limón (Citrus limon), entre otros, cuya sinergia puede garantizarnos esta acción bactericida necesaria en un desodorante. Otro de mis favoritos en cuanto a la región próxima al seno se refiere es, sin duda, el aceite esencial de lemongrass (Cymbopogon citratus) pues desde hace años numerosos estudios investigan su posible acción preventiva del cáncer (consultad las fuentes de este artículo), por lo que está siempre presente en mis desodorantes y también en mis aceites reafirmantes de los senos. Un quinto aceite (porque los numéros impares son más terapéuticos), también bactericida y con una acción específica sobre la piel, viene a completar mi selección: la esencia de palmarosa (Cymbopogon martinii).
En cuanto a la dilución, como os explicaba en el artículo "Cómo utilizar los aceites esenciales", las mezclas corporales deben contener entre un tres y un cinco por ciento de esencias, es decir, entre 60 y 100 gotas de aceite esencial por 100ml de portador. No os juguéis el pellejo de las axilas, sobretodo si os depiláis a cuchilla.
El ingrediente secreto
Fuentes:
- Researchgate.net
- The natural health market
- Aromatherapy an A-Z DAVIS Patricia. Daniel Company Limited 1999.
- The encyclopaedia of Essential Oils. LAWLESS Julia. Element Books Limited 1992.
