viernes, 29 de marzo de 2019

Carbón vegetal activado












Tradicional remedio para ciertos trastornos digestivos, el carbón vegetal reaparece como ingrediente de moda en recetas cosméticas caseras, pues su capacidad de adsorción lo hace idóneo tanto a nivel interno como externo, a pesar de su achicharrado aspecto.


Resultado de la combustión de productos vegetales como la madera de abedul o la cáscara de coco, el carbón vegetal conoce su popularidad desde la antigua Grecia, pues el mismísimo Hipócrates lo recomendaba para combatir la epilepsia o la enfermedad del carbón de los curtidores. Sin embargo, no es hasta el s.XVIII que sus propiedades adsorbentes son descubiertas, y los primeros experimentos con carbón como neutralizador del opio se llevan a cabo en el s.XIX. En la primera guerra mundial aparecen las máscaras anti-gas con filtros de carbón, y en nuestros días este producto es utilizado en filtros de aire, para sanear el agua o como desintoxicante de metales pesados. 

A la pregunta (sorprendente pero frecuente) de si se puede utilizar el carbón de la chimenea con fines terapéuticos, la respuesta es no, pues la producción del carbón vegetal activo implica un tratamiento específico a una temperatura precisa, donde participan también el agua y un gas oxidante. El producto de este proceso es un carbón de una gran porosidad (100 millones de poros por gramo), lo que le atribuye su característico poder adsorbante, pues es capaz de asimilar ciento setenta y ocho veces su volumen en amoniaco, por ejemplo. 

En efecto, el carbón vegetal tiene la capacidad de fijar substancias extrañas, gases y agentes patógenos, de ahí su gran poder detoxificante, que lo convierte en un remedio tradicional principalmente indicado para la flatulencia pasajera (pues no sólo absorbe el gas sino también las bacterias que lo producen), pero también para la diarrea del turista, el mal aliento o la intoxicación por la ingesta de alimentos en mal estado, medicamentos o productos de limpieza. 

A nivel externo, puede ser muy eficaz en forma de cataplasma sobre picaduras de insectos y animales venenosos, como sobre heridas (protegiendo la piel con una gasa) o forúnculos, siendo pues un remedio muy útil en el botiquín del viajero. Sin embargo, como todo remedio natural, no está exento de contraindicaciones pues al ser astringente puede enfatizar un estreñimiento crónico. Del mismo modo, ni las úlceras gastro-duodenales ni las oclusiones intestinales se benefician del carbón vegetal, y su poder adsorbente puede anular los efectos de la píldora anticonceptiva, entre otros medicamentos (en este caso, debe dejarse un espacio de tres horas como mínimo entre la ingesta de ambos productos). 

Por lo demás, personalmente no aconsejo usar el carbón vegetal a largo plazo, sino como remedio de urgencia, pues puede enmascarar síntomas de un problema de salud más serio, es decir, si padecemos de flatulencia crónica, debemos investigar las causas que pueden ir desde malos hábitos alimenticios a una patología digestiva grave. 

En el mercado lo encontramos comercializado en forma de polvo, gránulos, pastillas o cápsulas, a veces asociado a otros productos como el arándano, indicado en caso de diarrea por su acción astringente que se suma a la del carbón. Mi primera opción es el carbón pulverizado, pues los gránulos masticables a menudo son azucarados, las pastillas pueden llevar aglomerantes, y las cápsulas no se abren siempre en el lugar indicado. Aunque debe saberse que ensucia bastante las manos y la ropa, por lo que algunos pueden preferir otros formatos. La posología varía según la gravedad, pudiendo ir desde dos cucharadas soperas en un vaso de agua cada ocho horas en caso de diarrea, a dos cucharadas soperas tres veces al día durante tres semanas para una cura detox. Se pueden llegar a tomar hasta 100 gramos en caso de intoxicación severa. 

A nivel externo el carbón es, en nuestros días, el ingrediente de moda como blanqueante de dientes en dentífricos caseros, asociado a la arcilla blanca, el aceite de coco o el bicarbonato de soda. No obstante, el último grito son las máscaras "peel-off" contra poros negros, mezclando el carbón con aloe vera y un hidrolato, aunque cuidado con los tutoriales que inundan la red, donde se incluye en sus fórmulas la cola blanca (si, habéis leído bien), para conseguir la textura elástica que permite arrancar la máscara del rostro de una vez, sin agua. Desde luego, yo no aconsejo en ningún caso untarse la cara con pegamento, mejor intentar la receta con un gelificante natural como el agar-agar, si se quiere conseguir ese efecto. 

En fin, un remedio más a tener a mano, aunque después de su uso tendremos que lavarla, la mano, si no queremos parecernos a Mary Poppins saliendo de la chimenea.   


Fuentes:
  • ANDRIANNE Philippe, L'argile Médecine Ancestrale. Editions Amyris 2003.
  • https://fr.wikipedia.org/wiki/Charbon_actif
  • www.doctissimo.fr
Foto: Miriam Alonso: https://www.pexels.com
       

martes, 12 de marzo de 2019

La cura de la arcilla blanca












Se aproxima por fin la estación de las flores y, como cada año, conviene pensar en hacer un buen "spring clean" o detox primaveral del organismo, puesto que el hígado está en auge y la energía se exterioriza. ¿Qué tal esta vez una cura de arcilla blanca?


Originaria de Kao-Ling, ciudad china donde fue descubierta, la arcilla blanca se utilizó en un inicio para fabricar porcelana antes de ser identificadas sus beneficiosas propiedades. De este lugar adquirió el nombre "kaolin" por el que también se la conoce.

Se trata de un mineral natural de la familia de los filosilicatos como el talco, y su color blanco le viene dado por su elevado porcentaje en alumina (23%), componente de reputado poder reparador.

Las arcillas en general son ricas en silicio, pero la blanca es más pobre en sales minerales que sus hermanas, siendo menos absorbente y más hidratante. Como el resto de arcillas, está cargada de iones negativos (beneficiosos), y una vez diluida va a atraer los iones positivos (nocivos) para intercambiarlos, participando pues a la remineralización y detoxificación del organismo, pues canjea sales minerales por toxinas.

Una buena arcilla blanca pura, extraída recientemente, molida y secada al sol (y no en un horno eléctrico) nos aportará numerosos beneficios pues cuenta con excepcionales propiedades:

  • es adsorbente (intercambia minerales por toxinas) por lo tanto detoxificante
  • es absorbente y matificante
  • es desinfectante, reparadora, suavizante y cicatrizante
  • constituye un vehículo de activos y de agua
  • tiene capacidad hemostática, deteniendo el derrame de sangre en hematomas.

En externo se usa en forma de mascarillas, cataplasmas y envolturas, así como para la confecció de geles de ducha, jabones, champús o dentífricos. Es indicada para pieles secas, sensibles, deshidratadas y delicadas. Sin embargo, su utilización a nivel interno nos interesa especialmente en primavera.

Cura de la arcilla

La geofagia, o ingesta de arcilla, es una práctica habitual en algunas comunidades humanas como en diversas especies animales. En el amazonas, los periquitos aras hacen curas de arcilla en los periodos de escasez, pues se ven obligados a consumir frutos verdes, ricos en toxinas. Por su lado, el consumo espontáneo de arcilla en los caballos es un indicador de desnutrición, pues instintivamente intentan remineralizarse. Parece ser que, además, los druidas celtas afirmaban que se debe consumir en la vida su peso en arcilla.

De modo que tanto la tradición humana como la sabiduría animal demuestran que el consumo de arcilla es beneficioso en casos de problemas del sistema digestivo, como infecciones intestinales o úlceras estomacales, por su poder de "vendaje" sobre la mucosa, así como cuando se da estreñimiento o intoxicaciones alimenticias

Se le atribuye también un poder minimizante de la radioactividad, especialmente interesante para aquellos que pasan demasiado tiempo delante de las pantallas o expuestos a radiaciones.

Su capacidad detoxificante, que comparte con el resto de arcillas es indiscutible, recuerdo una ocasión en que alguien me aseguró que después de una cura con este mineral, el iris de sus ojos azules se volvió más claro y limpio. Los adeptos a la iridología sabemos muy bien lo que ello significa.

Por todo ello, la cura de la arcilla constituye una práctica naturopática tradicional muy utilizada, pues es económica, ecológica y muy sencilla de llevar a cabo. Aunque esta cura puede realizarse también con arcilla verde ilita o montmorillonita, la blanca es mi preferida por su mayor acción suavizante e hidratante de las mucosas.

Debemos distinguir entre el agua y la leche de arcilla, debiendo empezar siempre por la primera, que es más ligera.

Para preparar el agua de arcilla debemos mezclar una cucharada de café de arcilla en un vaso de agua, dejar reposar toda la noche, y beber el agua (pero no el poso) a la mañana siguiente.



La leche de arcilla se prepara del mismo modo, con la diferencia de que antes de consumir la mezcla, removemos la arcilla en el agua de manera que ingerimos también el poso.

Se recomienda no usar utensilios de metal, pues los iones negativos de la arcilla podrían escaparse y aglutinarse sobre le cubierto.

En general se aconseja hacer curas de agua de arcilla de no más de 3 semanas, pudiendo pasarse la tercera semana a la leche de arcilla, la cual no debe consumirse más de siete días. Sin embargo algunos autores aseguran que se puede retomar la arcilla después de una semana de descanso.

Debe saberse que la arcilla ingerida no se acumula en los tejidos sino que permanece en el tubo digestivo hasta ser eliminada. Son los minerales absorbidos quienes benefician a los órganos.

Es posible asociar la arcilla a la savia de abedul, utilizando esta última en lugar del agua, para una cura primaveral remineralizante y drenante potenciada por las propiedades de ambas. Del mismo modo, existe la carbo-arcilloterapia, que combina el carbón vegetal activo con la arcilla tanto para uso externo como interno, por la complementariedad de sus propiedades.

Contra-indicaciones y precauciones

A pesar de sus efectos beneficiosos para la salud, la arcilla, como toda substancia, cuenta con ciertos riesgos y no es una cura para todo el mundo:

  • Por su gran capacidad de absorción puede disminuir el efecto de los medicamentos y de la píldora anticonceptiva, por lo que se debe tomar con 3 a 4 horas de distancia.
  • No se debe reutilizar, pues una vez usada estará cargada de toxinas.
  • En caso de hipertensión se debe empezar progresivamente, tomándola a días alternos, pues las arcillas contienen sales minerales.
  • No debe combinarse con un tratamiento de aceite de parafina, sino que conviene dejar un espacio de un mes antes de iniciar la cura de la arcilla, pues la mezcla puede solidificarse y crear una oclusión.
  • No tomar en caso de oclusión intestinal, hernia o estreñimiento crónico.
  • En caso de cáncer digestivo, consultar con un oncólogo.

Por otro lado, si al inicio de la cura percibimos molestias en el estómago o en los intestinos, no debemos alarmarnos pues es un signo de "crisis curativa".

Numerosos profesionales y expertos en curas naturopáticas avalan esta cura, como Jade Allegre, creadora de la asociación humanitaria "El hombre y la arcilla", además de periquitos, caballos y druidas, por lo que es mi elección para esta primavera, lástima que no tenga los ojos azules.


Fuentes:

  • www.aroma-zone.com
  • www.sensetsante.fr
  • www.alternativesante.fr
  • www.jade-allegre.com
  • ANDRIANNE Philippe "L'Argile, Médecine Ancestrale" Editions Amyris 2003.
  • CHAVANNE Philippe "400 remèdes de grand-mères" Editions First 2010.
  • MANTOVANI R "La arcilla, tierra milagrosa" Cuadernos de Naturismo 1979.
  • MULLER Marie-France "Cómo cura la arcilla" RBA Integral 2000.