miércoles, 19 de diciembre de 2012

Barritas de azufre: ¿ciencia o mito?



Frente a la constante afluencia de espaldas contracturadas en mi consulta, y con el ánimo de ampliar el espectro de posibilidades terapéuticas a ofrecer ante este común malestar, investigué sobre las barritas de azufre, de las cuales había oído hablar hace tiempo, pero nunca experimentado, y encontré toda una polémica al respecto, además de un extraño vacío de información. 

Pues ni siquiera Wikipedia se pronuncia al respecto, y en el directorio virtual anglosajón no se encuentran resultados, será quizás porque es un remedio más tradicional de los países latinoamericanos que no de los países nórdicos y sus colonias.
 
El caso es que las barritas de azufre han sido usadas desde hace más de un siglo en América del Sur para aliviar dolores o, como ellos dicen, el "aire" en el cuello y en la espalda. Por los comentarios que se pueden leer en diversos foros de salud natural, parece ser que es habitual encontrar en el botiquín de cualquier casa argentina una caja con barritas a las que echan mano en caso de migrañas, lumbalgias, latigazos cervicales y otras dolencias de este tipo. La aplicación es sencilla, basta con hacer rodar la barrita sobre la piel, en la zona adolorida, hasta que se escucha un pequeño chasquido y la barra se quiebra, partiéndose en dos, lo cual indica que el "aire" ha sido expulsado. 

Los participantes más formales de estos foros afirman que el azufre tiene la propiedad de actuar en el campo electromagnético que emana del músculo contracturado, absorbiendo la electricidad estática del mismo, y provocando la ruptura de la barra a la vez que un alivio inmediato. Los más holísticos nos recomiendan las barritas para limpiar el aura y los chakras. Y aquellos que han experimentado esta sencilla terapia en sus carnes no cesan de loar sus bendiciones. 

Sin embargo también hay un sector de escépticos que niegan cualquier efecto terapéutico del azufre en barra sobre los músculos contracturados, asegurando que el efecto es totalmente psicológico, pues el chasquido provoca una sensación "liberadora", y este está provocado por el calor que emana del cuerpo, que crea tensión en los poros internos de las barras, produciendo su ruptura. Más aún, he encontrado algún profesor de ciencias que pone el grito en el cielo y tacha de ignorantes a los defensores de las barrita, sin aportar, sin embargo, ningún argumento al respecto para justificar su crítica.

Lo cierto es que el azufre es una substancia históricamente presente en el mundo de la sanación, no olvidemos que era uno de los tres elementos de la Alquimia (junto con el mercurio y la sal) representando el fuego. Actualmente se utiliza como oligoelemento para procesos de detoxificación (sobretodo hepática), trastornos pulmonares y condiciones osteo-articulares. En esta última esfera también podemos encontrar el azufre en suplementos de ingesta interna así como de uso tópico dentro de la popular combinación MSM (S de azufre) indicada para artritis, artrosis y reuma. Por todo ello, consideré que valía la pena probar las barritas, a pesar de las críticas en contra, y la verdad es que la barrita se partió encima de la contractura, y mi clienta salió de la consulta muy aliviada. 

Así que, a pesar de no haber encontrado argumentos sólidos científicos que defiendan la efectividad de las barras de azufre, mi incipiente experiencia clínica y la de gran cantidad de participantes de los foros le dan a esta terapéutica una solidez empírica que me inspira mucha confianza y me anima a seguir usándola. Pues, como se suele decir, la mejor medicina es aquella que funciona, ciencias aparte.

jueves, 13 de diciembre de 2012

Tisanas, calentitas y sanas (artículo de Diciembre para El Diari de la Barceloneta)

Imagen de Vilius Kukanauskas en Pixabay


Cuenta la leyenda que un antiguo emperador chino se encontraba bebiendo en su jardín una taza de agua caliente para mejorar su digestión, cuando el viento arrojó en su cuenco unas hojas de té de una planta cercana. El emperador, seducido por el exquisito aroma que emanaba de la taza, bebió su contenido y descubrió, sin proponérselo, el arte de la infusión.

Aunque quizás los habitantes de la India también podrían reclamar la patente de este invento, así como los aborígenes australianos, los indios americanos y otras civilizaciones ancestrales, pues está bien arraigado en esas culturas el saludable hábito de beber agua caliente con plantas medicinales.

En Occidente, el té de las cinco fue una de las importaciones de Inglaterra en sus andanzas coloniales por China, aunque anteriormente, las “brujas” europeas de la Edad Media ya eran duchas en decocciones de plantas para usos medicinales y supuestamente satánicos.

De cualquier modo, no es de extrañar que las tisanas nos hayan acompañado a través de la historia, pues sus beneficios son múltiples y comprobados.

El mayor provecho que nos otorgan es la acción medicinal de las plantas. En nuestros supermercados y bares es fácil encontrar Manzanilla, calmante y digestiva, Menta-Poleo, digestiva y tonificante, o Tila, sedante. Sin embargo las opciones son infinitas. Desde la Regaliz, digestiva, hasta la Melisa, ideal para dolores menstruales, pasando por el Eucalipto, expectorante, el Diente de León, depurativo, el Espino Blanco, cardiotónico, y un largo etcétera, el reino vegetal tiene para todos los gustos. La mayoría de estas plantas contienen aceites que se evaporan en contacto con el aire. A ello se debe la costumbre de servir las tisanas cubiertas con un plato, para conservar las propiedades concentradas en los aceites. Y no olvidemos que los duendes de las plantas suelen confabularse entre ellos, por lo que las hierbas mezcladas no sólo aportan más propiedades sino que se potencian unas a otras.

Por otro lado, el mero hecho de beber agua caliente ya tiene efecto digestivo (como bien sabía nuestro emperador chino), pues prepara al estómago para recibir los alimentos. Es costumbre en oriente empezar cada comida con un vaso de humeante agua, incluso en verano, aunque para nosotros sea inconcebible, acostumbrados como estamos a refrescarnos con bebidas muy frías. Sin embargo, cabe comparar quién tiene la barriga más hinchada, si un americano o un chino. Además, el agua caliente activa el metabolismo, asegurando el buen funcionamiento del organismo.

Y qué decir de esa sensación de calidez y confort, sobretodo en las estaciones de frío, al agarrarnos con las dos manos a una humeante y calentita taza, y permitir que sus aromas se nos cuelen primero por la nariz y luego por la boca, devolviéndonos el alma al cuerpo.

Me diréis que esto también lo hace el café, pero yo os diré que las infusiones de hierbas no atacan a los nervios, no crean adicción, y no producen úlceras como el café, bien al contrario, nos dan consuelo y nos curan los males.

domingo, 11 de noviembre de 2012

HO'OPONOPONO

Imagen de Sabine en Pixabay

Palabras mágicas, sanación fácil y rápida, la realidad como se explica en Matrix... la verdad es que oir hablar de Ho'oponopono sin que le salten a una las alarmas del escepticismo, es complicado. Sobretodo para alguien que, como yo, lleva ya algún tiempo explorando el extenso universo de las terapias naturales y ha visto cómo cada forma terapéutica se presenta como la definitiva panacea pero, en la práctica, le funciona a quien le funciona.


Sin embargo, una vez más, la curiosidad pudo conmigo y la conveniencia de un curso de sábado por la tarde me convenció para conocer esta forma de terapia de la que tanto había escuchado, desde hace tanto tiempo. No me he arrepentido.

De origen hawaiano (como siempre, recurrimos a los ancestros, a los que creíamos locos e ignorantes, como a los abuelos), y basado en el perdón, la gratitud, la humildad y el amor hacia uno mismo, el Ho'oponopono parte de la premisa de que nuestra realidad nos la fabricamos nosotros mismos, incluso la externa y supuestamente ajena, como son los conflictos bélicos internacionales. Efectivamente, esta teoría afirma que si algo está en nuestra realidad, inmediata o distante, no es más que una proyección de nuestros propios miedos, deseos, creencias, etc. Un poco en la línea del mensaje central de "El Secreto", que es la ley de la atracción: atraemos aquello que proyectamos. Y por tanto, ya que parte de nosotros, se puede modificar en nosotros.

Esta responsabilización de uno mismo sobre lo que nos sucede en la vida, hace ya tiempo que me convence bastante, y la considero una aproximación madura hacia la propia realidad. Pero hace unos pocos meses mantuve una agria discusión al respecto con alguien que se escandalizó y practicamente me tachó de retrógrada por plantearle que es la vulnerabilidad de uno lo que lo hace susceptible al ataque de otros. Para esta persona, la responsabilidad no estaba en uno, sino en la maldad de los otros. Su postura era firme, y a mí se me quedó mal cuerpo por no tener más argumentos para defender mi opinión.

Y realmente, en un momento socio-económico como el que vivimos, en que el discurso general es de queja y protesta hacia los abusos de ciertos sectores de la sociedad (en los cuales indulgieron mientras los demás estábamos distraídos yendonos de vacaciones con los créditos que nos daban los bancos), es difícil defender ante alguien que uno pueda ser responsable de su propio deshaucio o pérdida de empleo. Y esto es fácilmente extrapolable a los abusos en las relaciones humanas, sobretodo cuando se es mujer y se ha crecido con la consciencia de pertenecer al sexo oprimido. Por lo que entrar en el plano de la meta-física afirmando que esta realidad, con sus abusos, sus guerras y sus deshaucios es tan sólo una película que nosotros mismos dirigimos, requiere buenas dotes de orador y convincentes argumentos. Los cuales yo no tenía en ese momento porque consideraba que es simplemente una cuestión de creencia el considerar esta vida como una mera proyección, y que esto es algo que no se puede probar.

Así que cuando Ho'oponopono llegó a mí, su mensaje me era bastante familiar, y las palabras que escuché encajaban en mis esquemas, así que empecé inmediatamente a repetir el mantra "te quiero, lo siento, perdóname por favor, gracias" una y otra vez dirigido a los aspectos de mi vida que necesitan terapia, pero sin ninguna intención de convencer a nadie al respecto. Y ahí fue cuando el Universo se confabuló de manera que yo pudiese entender el verdadero engranaje que hay detrás del Ho'oponopono.

Pues uno de los aspectos a trabajar era mi perro. Adopté a Nietzsche pocos días atrás, un Sharpei de 6 años que ha pasado por tres amos diferentes, con lo que me estoy trabajando su obediencia hacia mí. El animal es tranquilo pero tiene tendencia a "discutir" con otros perros machos, lo cual me ha estado poniendo en tensión cada vez que lo he bajado a la calle. Practiqué Ho'oponopono dirigido a "aquello en mí" que ha provocado que mi perro sea conflictivo con otros perros, sin entenderlo realmente pero con la fe que se siente cuando algo nos convence en un plano que no es el intelectual. No vi resultados hasta el miércoles, en que lo llevé al veterinario para registrarlo y hacerle una revisión. Al plantearle la cuestión a la veterinaria, Ho'oponopono en vivo salió de su boca sin ella sospecharlo. El perro, me dijo, recibe mensajes a través de la correa, con la cual lo tengo atado. Si yo me pongo tensa y tiro de la correa cuando veo a otro perro, porque anticipo que el mío se va a pelear con él, este se pone en guardia puesto que yo le he dado esa orden a través de la correa. Cuanto más lo pensaba, más claro lo veía. Se podría argumentar que el hecho de que yo me ponga nerviosa cuando nos cruzamos con otro perro, se debe a que Nietzsche mostró, inicialmente, tendencia al conflicto. Aún así, quizás los primeros encontronazos fueron puntuales, ya que posteriormente he comprobado que no se pelea con todos los perros, sino con algunos determinados, pero yo reforcé su tensión tirando cada vez de la correa y convirtiendo sus conflictos puntuales en una norma habitual.

O sea que no hace falta recurrir a la meta-física cuando decimos que somos responsables de lo que nos pasa, ya que el mecanismo parece ser más sencillo. Estamos unidos por "correas" invisibles los unos a los otros y nuestras actitudes tienen más repercusión y a mayor escala que lo que pensamos. Es lo que llaman el "efecto mariposa", supongo, Por supuesto, la ley "causa-efecto" no es siempre tan obvia y a menudo pasaremos mucho tiempo antes de descubrir que es "aquello en mi" que provoca lo que no nos gusta a nuestro alrededor, si es que lo descubrimos nunca. Aunque, siempre podemos echar mano de la teoría de la reencarnación, ya que un karma puede explicar muchas cosas. Todo esto me lleva a la misma conclusión a la que ya había llegado por otros caminos, y es que con la única cosa que estamos lidiando en todo momento en nuestras vidas es con nosotros mismos, y la única sanación posible tiene que ver con la aceptación, el perdón y el amor propio.

Pero ni siquiera haría falta descubrir a qué "memoria" negativa se deben nuestros infortunios, pues el propósito es sanar la situación, y para ello sólo necesitamos practicar las sencillas herramientas que nos propone el Ho'oponopono. Si es que realmente queremos cambiar nuestra realidad, y tenemos el coraje de admitir nuestra responsabilidad, dejar de hacernos las víctimas, y vivir la vida en plenitud.

TE AMO, LO SIENTO, PERDÓNAME, GRACIAS

http://en.wikipedia.org/wiki/Ho%CA%BBoponopono
http://www.ho-oponopono.org/
http://www.hooponoponobcn.blogspot.com.es/



sábado, 10 de noviembre de 2012

Algo más que Vitamina C (artículo de Noviembre para el Diari de la Barceloneta)



Nos ha pillado un poco por sorpresa pues, hasta ahora, estábamos disfrutando de un otoño bastante templado, así que el repentino descenso de las temperaturas apenas nos ha dado tiempo de guardar la ropa de verano y sacar jerséis, bufandas, abrigos y guantes. Por lo que nos ha sorprendido casi literalmente en cueros frente a los virus y bacterias que ya comienzan su ataque, aprovechando este fresquito que los hace más fuertes mientras que a nosotros nos debilita.

Así que tarde o temprano estaremos echando mano de jarabes, pastillas efervescentes y suplementos, naturales o no, que nos quiten de encima el inevitable trancazo de cada invierno. A no ser, claro está, que este año seamos más listos y nos anticipemos al resfriado reforzando nuestro sistema inmune, para lo cual es necesaria una estrategia de varios frentes.

Pues aunque achaquemos nuestros estornudos y fiebres a los microbios que flotan en el aire, en último término el estrés, la mala alimentación y la falta de sueño son los principales enemigos de nuestras defensas a la hora de lidiar con esos microorganismos flotantes que, al fin y al cabo, no son más que una panda de oportunistas.

Ciertamente, reputadas fuentes aseguran que un nivel de estrés prolongado puede reducir, por sí solo, el 60% de nuestra actividad inmune. Por lo que los ejercicios de relajación, el ejercicio físico moderado y la respiración son elementos clave para mantener nuestra inmunidad en forma.

Por su parte, grasas saturadas o hidrogenadas (como la margarina), azúcares, alcohol, cafeína, conservantes, colorantes y edulcorantes artificiales, aceites refinados y alimentos ahumados pueden resultar muy apetecibles (o eso nos han enseñado) pero son mucho más malvados hacia nuestro organismo que cualquier virus o bacteria. Por lo que cabe plantearse el reducir su consumo al mínimo en favor de frutas, verduras, cereales integrales, frutos secos y semillas, los cuales están llenos de vitaminas y minerales que refuerzan la actividad de los órganos y tejidos del sistema inmunológico. No olvidemos que comer bien no tiene por qué ser aburrido, y que cada estación nos ofrece deliciosos alimentos llenos de los nutrientes que necesitamos. Los colores del otoño (rojos, naranjas, marrones) nos dan una pista sobre los alimentos de temporada que el cuerpo necesita para estar fuerte, como moniatos, calabaza, naranjas y castañas, además de otros alimentos ricos en vitamina C como brócoli, guisantes, repollo, kiwis o arándanos.

En cuanto a dormir, está constatado que durante el sueño profundo se incrementan las funciones inmunes. Es decir, dormir cura. Así que, por mucho que nos resistamos (ya que vivimos en una cultura que está permanentemente de fiesta), el otoño es el momento de empezar a recogerse, de almacenar energía, no gastarla, y de quedarse más en casa o, por lo menos, descansar más.

Por supuesto, podemos ayudar a reforzar nuestras trincheras con suplementos alimenticios como las Vitaminas A, C y E, el Zinc en oligoelemento, o los Beta-carotenos, y plantas medicinales como la Equinácea, la Regaliz, el Sello de Oro, el Ginseng o la Eupatoria, pero siempre bajo la recomendación de un profesional de la saludo o herbolario, que sabrá indicarnos la mejor opción personal.

Pero ante todo, una vida sensata y equilibrada, en la medida de lo posible, nos asegurará un invierno más libre de gripes y, como consecuencia, más feliz.

miércoles, 31 de octubre de 2012

Argán, el oro líquido bereber

Imagen de Annillart en Pixabay

Ahora que hemos entrado indiscutiblemente en el otoño, cabe hacer una revisión a aquellos remedios naturales que nos ayudan a combatir la sequedad propia de esta estación, y sus consecuencias nocivas en nuestra piel.


Tenemos ciertamente un amplio abanico de aceites vegetales que promueven la hidratación y la regeneración cutánea, como son los de almendras, avellanas, jojoba, rosa mosqueta, germen de trigo, sésamo, aguacate, coco, o semilla de albaricoque, entre otros, cada uno con sus propiedades específicas y con los cuales estamos más o menos familiarizados. Pero también nos llegan, desde otras culturas, opciones válidas y muy interesantes para ampliar nuestro repertorio.

Es el caso del Argán. De los semidesiertos calcáreos del suroeste de Marruecos y el oeste de Argelia, nos llega la Argania spinosa, una planta centenaria que de lejos nos puede recordar al olivo, y de cerca también ya que produce unos frutos similares a las aceitunas, pero que puede alcanzar los diez metros de altura.

Estos frutos contienen entre dos y tres semillas de las cuales se extrae un aceite que los bereberes han usado tradicionalmente tanto en la alimentación, como a nivel cosmético en forma de ungüentos, lociones y cremas tanto para la piel como para el cabello.

La experiencia de este pueblo con el aceite de argán demuestra (y posteriores estudios científicos lo corroboran) la gran capacidad de este producto en la regeneración celular, por lo que es ampliamente usado para combatir el desgaste cutáneo tanto por la edad como por el clima, siendo un reconocido remedio anti-arrugas. Los ácidos oleico (45%) y linoleico (35%) que contiene son responsables por ello. Del mismo modo, nutre y fortalece uñas secas y quebradizas.

Por su alto contenido en vitamina E (tocoferol), también es popular su uso para mitigar las secuelas de quemaduras, acné, varicela, estrías u otras lesiones de la piel, así como para quemaduras, eccemas, psoriasis o grietas. Su extendida aplicación como mascarilla capilar, ya que devuelve al brillo al cabello, se justifica por la presencia de escualeno en su composición.

El aceite de argán cuenta además con ciertas propiedades analgésicas, pues alivia el dolor articular por lo que es común su uso en el masaje corporal.

Así pues, este es un interesante producto a tener en cuenta cuando empezamos a sentir nuestra piel y cabello implorar hidratación, y también cuando queremos sanar la impronta que el clima, la edad y los diversos trastornos de salud dejan en nuestra piel. O simplemente para disfrutar de un cálido, relajante y analgésico masaje, que nos consuele del frío y del viento.




martes, 9 de octubre de 2012

Otoño, tiempo de depurar (artículo de Octubre para el Diari La Barceloneta)

Image par wal_172619 de Pixabay

Acabó definitivamente el verano y a medida que avanzamos hacia la estación de los resfriados, es hora de preparar el organismo para lidiar con todos los virus que nos van a salir al paso. Poco a poco, las revistas de salud irán informándonos sobre los múltiples productos a nuestro alcance para aumentar la inmunidad y asegurarnos un invierno con pocos estornudos. Sin embargo, antes de preparar las defensas para la batalla, debemos hacer algo muy importante: limpiar la trinchera.

Efectivamente, no podemos esperar que nuestro organismo derrote a los microbios externos, si está usando su energía en eliminar las toxinas que tenemos dentro, que suele aumentar en verano debido a los numerosos helados, cervezas y tapas que consumimos en el periodo vacacional y que nos llenan de aditivos tóxicos.

Estas substancias no sólo desgastan nuestro sistema inmune, sino que son responsables por una serie de síntomas que raramente asociamos a la toxicidad. Jaquecas, fatiga, falta de concentración, dolor muscular, indigestión, temblores, estreñimiento, anemia, mareos y mala coordinación son algunos de los malestares derivados de la ingesta de metales pesados del ambiente, así como lo son los problemas de aprendizaje y la hiperactividad en niños. Por su parte, los químicos presentes en fármacos, alcohol, pesticidas, cosméticos y aditivos alimenticios suelen superar la capacidad del hígado de gestionar su eliminación, provocando síntomas psicológicos y neurológicos como depresión o confusión mental, que luego achacamos a otros motivos.

Así pues, es ahora en otoño el momento de hacer limpio. Sin necesidad de recurrir al ayuno (aunque es la vía más rápida de detoxificación, cuando se hace bien), hay otras medidas más llevaderas que podemos adoptar.

Primero y muy importante, el agua. Los riñones son una vía principal de excreción y debemos ayudarlos a drenar aquellas toxinas hidrosolubles. Pero recordemos que el agua fría no es aconsejable en otoño e invierno, por lo que las infusiones de hierbas depurativas son una excelente opción ya que no sólo nos aportan agua y calor sino además las propiedades medicinales de las plantas.

Los intestinos también suponen una relevante vía de evacuación, y cuando se atascan, las toxinas de las heces son reabsorbidas por la sangre regresando así a nuestros tejidos. La mejor manera de mantener esta puerta de salida despejada es asegurándonos una buena ingesta de fibra, la cual podemos encontrar en los cereales integrales, la fruta y la verdura.

La piel, por su parte, exhuma a través del sudor su ración de residuos orgánicos, y no hay mejor manera de ayudarla que con una buena exfoliación, siendo la sal y el aceite un excelente combinado para ello. También podemos promover la dilatación y contracción de los poros con la sauna, que hará que excretemos más toxinas.

Y, por supuesto, la respiración. A través de los pulmones intercambiamos oxígeno por dióxido de carbono. Ejercitar el cuerpo con algún tipo de deporte nos hará respirar más profundamente, los cual, a su vez nos ayudará a optimizar el vaciado pulmonar.

Claro está que podemos ayudarnos de aliados externos como son la Vitamina C, la fibra hidrosoluble, y otros suplementos, pero la clave está en mantener nuestro terreno en forma. Porque la salud no se mide realmente por la ausencia de enfermedad en un organismo, sino por la capacidad de este de eliminar eficientemente lo que sobra, y mantenerse fuerte frente a lo que venga.


domingo, 30 de septiembre de 2012

Reflexoterapia: antes, hoy y siempre



Image par Kimberleygreenhypnosis de Pixabay


No podía dejar terminar la semana mundial de la Reflexoterapia sin dedicarle un post aquí en el blog del T.A.O., pues de todas las formas terapéuticas que estudio y practico, esta es la que lleva más tiempo conmigo, o yo con ella, según se mire, y aun así continua fascinándome.

Entró en mi vida como asignatura trimestral dentro de un curso introductorio de Naturopatía, y a priori no me entusiasmaba demasiado la idea de manosearle los pies al personal. Sin embargo, al poco de empezar a explorarla y descubrir todo lo que se podía llegar a saber del presente, pasado y futuro de una persona a través de sus pies, así como sus posibilidades terapéuticas de una manera tan sencilla, me entusiasmé con ella y ya no nos hemos separado.

Ciertamente, como bien sabían los egipcios, los chinos, los hindúes y los indios americanos desde hace milenios, con los pies también podemos andar hacia la sanación pues en ellos está reflejada toda nuestra anatomía corporal, y estos reflejos, si se estimulan, promueven la regeneración y recuperación de su órgano asociado. Sólo que nosotros, en occidente, sólo vinimos a descubrir esto a raíz de las teorías del Dr. Fitzgeral a principios del siglo XX. Por ello, nuestra forma de terapéutica podal no está basada en las técnicas de esas otras culturas ancestrales, sino en los descubrimientos en el campo de la neurología de científicos americanos y eurpeos más contemporáneos, aunque al fin y al cabo, hemos llegado a las mismas conclusiones por diferentes caminos.

A pesar de que una de las promotoras de la Reflexoterapia, la alemana Anne Maquard, decidiese que, al menos en su país, esta terapéutica debía ser sólo practicada por profesionales de la salud como médicos y enfermeras, Eunice Ingham, anterior a Maquard y considerada como la madre de la Reflexoterapia, estipuló my explícitamente cuando desarrolló el primer mapa de los pies y dio nombre a este tipo de terapia, que esta podía y debía ser practicada por el pueblo llano, como forma de sanación doméstica. Pero ya sabemos lo que sucede cuando se le devuelve al pueblo el control sobre su salud, que algunos sectores se ponen nerviosos, pues salud es poder, y enfermedad equivale a venta de fármacos. Quizás por ello la Reflexoterapia (del mismo modo que sucece con otras terapias naturales) haya sido relegada y mantenida, en nuestras latitudes, en esa franja de alegalidad y descrédito.

Pero en estos tiempos de recesión económica, recortes sanitarios, e insatisfacción con un sistema de salud que nos proporciona una vida más larga pero de peor calidad, la Reflexoterapia, junto con sus compañeras de batalla las otras terapias holísticas, nos ofrece una alternativa sencilla y muy agradable para el cuidado a largo plazo de nuestro bienestar. Por ello, personalmente creo que es parte de nuestro trabajo como terapeutas el promover estas terapias y acercarlas a la población como forma de recuperar el control sobre nuestro estado vital, y dejar de entender la salud como un lujo comercializado por ciertos sectores bajo cuestionables motivaciones, sino como un ingrediente indispensable pero asequible que nos ayude a ser más libres y más felices.