jueves, 27 de octubre de 2011

La belleza en la mirada (artículo para Ventas de Perfumería)












Puesto que el rostro es el espejo del alema, los ojos son las ventanas por las que asoma la verdadera belleza, que es interna. Por ello, debemos proporciar al marco de estos órganos nuestro mayor cuidado y mimo, de manera que su aspecto contribuya a resaltar la luz interior.


Efectivamente, el estado de la piel y tejidos que rodean los ojos son claves en el aspecto general del rostro, y especialmente susceptibles al desgaste diario y al paso del tiempo. Además, al ser un elemento clave en la expresión, los ojos reciben, por norma general, una gran carga de maquillaje y color que a menudo contribuye a su problemática. 

Los principales desequilibrios que encontramos en esta zona del rostro incluyen inflamación de los párpados, pesadez, deshidratación, bolsas y, por supuesto, líneas de expresión. Mejorar sus tejidos, promoviendo la circulación y aportando nutrición a los mismo, es imprescindible pues, si queremos mejorar el aspecto de la mirada.

Estratégia profesional de cuidado de los ojos y sus alrededores

Limpieza

Este es el paso primero y fundamental en cualquier tratamiento de belleza, pero cuando se trata de los ojos, cobra relevante importancia. Esto es debido al uso de sombras, lápices, eye-linersy máscaras, los cuales están generalmente compuestos de substancias sintéticas o minerales que resecan, irritan o, en el mejor de los casos, ocluyen los poros de la piel. Por ello, es muy importante realizar una limpieza profunda pero a la vez suave en esta delicada zona del rostro.

Sabemos que cualquier producto a base de alcohol puede crear una reacción no sólo en el globo ocular, sino en tejidos subyacentes, por lo que debemos evitar este tipo de soluciones. A la vez, precisamos de texturas que deslicen bien por la piel, para no tener que friccionar con el disco desmaquillador, arriesgándonos a una irritación.

Los aceites vegetales son nuestra mejor opción en cuanto a desmaquillar los ojos atañe, en particular el aceite de germen de trigo Con un altísimo porcentaje en Vitamina E, este aceite, que a menudo se usa como portador de aceites esenciales, no sólo aporta su potente acción anti-oxidante y regeneradora de líneas de expresión, sino que retira máscara resistente al agua sin necesidad de una fricción agresiva. Cuando usamos este aceite vegetal, la limpieza cobra una nueva dimensión, constituyendo no sólo un paso previo a nuestro tratamiento, sino parte del tratamiento en sí.

Exfoliación

Acostumbramos a evitar la zona de los ojos a la hora de exfoliar olvidando que la parte superior de los párpados, así como la zona de las ojeras, también precisan deshacerse de sus células muerta. Por lo tanto, una exfoliación suave en el conorno de los ojos, sin acercarnos al globo ocular, puede contribuir a la oxigenación de estos tejidos, promoviendo así su regeneración. Sales marinas finas y un aceite vegetal pueden ser la combinación perfecta para ello.

Tonificación

De nuevo, por temor a irritar los ojos, a menudo omitimos este paso cuando tratamos esta zona. Sin embargo, una tonificación on un producto exento de alcohol dará la tonicidad y frescor que los párpados y tejidos vecinos necesitan. Es el caso de los hidrolatos, producteos de la destilación de los aceites esenciales, en que el agua evaporada se condensa y se convierte en líquido de nuevo, conteniendo essencia aromática, pero no alcohol.

Masaje

Es cierto que un masaje suave y dulce en la zona ocular puede tener un profundo efecto relajante en quien lo recibe, modulando la expresión y ejerciendo un efecto "flash" de belleza. Pero a la hora de estimular los tejidos para su regeneración, precisamos combinar estos pasos sedantes con manipulaciones específicas estimulantes como son los pellizcos o los tecleteos, siempre en un ritmo e intensidad moderados para no romper con la harmonía del masaje.

Estimulación

Más allá del masaje, podemos también recurrir a la sabiduría de culturas milenarias como la Medicina Tradicional China, que nos otorga una peculiar herramienta de belleza. Se trata del martillo de 7 puntas, usado por los orientales para estimular puntos de acupuntura. Este pequeño instrumento, compuesto por un mango flexible que permite el rebote, y pr un cabezal desmontable (pudiendo cambiarse después de varios usos), puede ser aplicado al contorno de los ojos, cubiertos éstos de un oshibori o discos desmaquillantes húmedos, ejerciendo ligeros y cortos martilleos y así promover el riego sanguíneo además de la circulación del Qi en esta zon, con los consecuentes beneficios que ello aporta en cuanto a regeneración y tonificación.

Drenaje

Una vez tenemos la energía y los líquidos circulando, estambién conveniente facilitar su evacuación. Para ello, nada mejor que el drenaje linfático. Además, bolsas, ojeras e inflamación de los párpados se beneficiarán particularmente de esta técnica, dejando los ojos descansados y fluyendo.

Tratamiento

Las mascarillas plásticas de alginatos nos dan la oportunidad de tratar esta parte del rostro que generalmente queda exenta, cuando aplicamos una mascarilla en un facial. Si, además, la combinamos con unos aceites esenciales (3 goas máximo) de Incienso, Mirra, Palmarosa, Rosa Búlgara o Palo de Rosa, supondrá un aporte nutritivo y terapéutico de primer orden.

Protección

Para terminar, no debemos olvidar una crema específica para el contorno de ojos, que proteja e hidrate esta área durante el día, así como un extracto regenerador o sérum que la nutra por la noche, recordando a nuestra clienta la necesidad de un cuidado diario y continuado, además del cuidado profesional. 

Y por supuesto, cuidar la alimentación, la hidratación y la oxigenación de nuestro organismo, así como nuestro estado de ánimo, pues la salud y el equilibrio emocional son responsables, en último término, de nuestra belleza, y su mejor o peor estado determinará sin duda la intensidad del brillo de nuestra mirada.


Foto: Shiny Diamond: https://www.pexels.com



sábado, 8 de octubre de 2011

El convent de les Egipciaques (tercera entrega de "La Barcelona Sanadora")



Respiramos una bocanada más del aire "puro" campestre de Vallcarca, y nos disponemos a tomar rumbo a nuestra siguiente cita. Antes de subirme en el coche, miro de reojo el maletero, intentando urdir, en tres segundos, un plan para despistar a mis acompañantes, robarles las llaves, abrir el maletero, y profanar la caja negra sin que se den cuenta. Pero el extra de oxígeno que ha recibido mi cerebro en el ratito que hemos estado un poco alejados de la polución barcelonesa, no da para tanto.

Así que descendemos por la ladera de la urbanizada montaña para adentrarnos, una vez más, en las entrañas de la ciudad. Dejamos el coche cerca de la Ronda Sant Antoni, y me conducen a pie hacia la calle del Carme. Allí paramos en una esquina, y un rótulo, en lo alto, nos dice que estamos en la calle de Les Egipcíaques. La verdad es que he pasado mil veces por aquí, e incluso he observado, en ocasiones, el curioso nombre de esta calle, que une Carme con Hospital. Aunque nunca me había parado a pensar, ocupada mi mente siempre en cuestiones de vida o muerte, en el porqué de este nombre. Pero estoy a punto de descubrirlo.

Parece ser que el edificio colindado por las calles del Carme, Hospital y Egipcíaques, hoy sede del CSIC (Centre Superior d'Investigacions Científiques), albergara desde 1410 un centro asistencial muy particular llamado la "Casa de les Egipcíaques" o "Monestir de les donzelles", para la reclusión de mujeres bajo la devoción a María la Egipcíaca. Casualmente (o quizás no), este lugar había sido anteriormente, emplazamiento de "La Galera", una prisión de mujeres que fue más tarde trasladado a la calle Hospital.

"Qué interesante" pensé, pero ¿quíén era esta María Egipcíaca? y ¿qué tiene que ver todo esto con la sanación?

María de Egipto fue una "mujer de moral distraída" nacida en Egipto, pero que vivió en Alejandría (donde se distrajo su moral), y que en un viaje a Jerusalén sintió tal arrebato de arrepentimiento por su libertina vida, que decidió tomar los hábitos y vivir como una asceta en el desierto el resto de sus días. Siguiendo su ejemplo, la congregación de las Egipcíacas estaba formada por prostitutas arrepentidas que veneraban a María y que, como ella, expiaban su culpa convirtiéndose en siervas del señor (de segunda clase ya que, al haber perdido su virginidad, no podían tomar todos los votos monacales), y atendiendo a otras prostitutas arrepentidas o enfermas. Quizás por su vinculación y proximidad con el hospital de Barcelona, el convento acabó convirtiéndose en un lugar de acogida para prostitutas afectadas de enfermedades venéreas, y de aquellas que ya eran demasiado viejas para ejercer su oficio.

Paralelamente, existía en el barrio del Born, cerca de la calle Argentería, un conocido burdel, señalizado por una "carassa" o rostro de mujer esculpido en la piedra, que todavía se conserva (la carassa). Según se dice, durante la processión del Corpus Cristi, las moralmente distraídas empleadas de este establecimiento tenían costumbre de observar el desfile desde el balcón, objeto de las inquisidoras miradas de los feligreses. Hartas de semejante reproche y en señal de protesta, cuenta la historia que las prostitutas se orinaron encima del paso, desde el balcón, provocando semejante escándalo que desde entonces, las autoridades prohibieron el funcionamiento del conocido negocio y encerraron a estas mujeres en el convento de las Egipcíacas, durante las fiestas religiosas.

Lejos de lamentarse, las prostitutas encontraron en el convento el apoyo de sus ex-colegas de profesión, así como un lugar de sanación y reposo, e incluso una compensación económica, ya que las monjas ofrecían un sueldo diario, proveniente del alquiler de unos molinos, para aquellas mujeres que, durante unos días, dejaran el oficio y se recluyeran en oración en el convento.

Tan conveniente resultó este "castigo" de las autoridades, que se acabó estableciendo un acuerdo de colaboración entre ambos grupos de mujeres, en que las damas de la noche empezaron a hacer donaciones para que las religiosas pudieran llevar a cabo sus obras de caridad, convirtiéndose esto en una especie de mutua de salud que garantizaba a las meretrices atención médica y un hospicio para la tercera edad.

Eventualmente, el convento fue trasladado a otro enclave y la historia posterior no entra en la visita. Pero estoy fascinada. Mirando la fachada del CSIC, imagino, tras las ventanas, un ir y venir de putas y virtuosas, en un empeño de ayuda mutua. En plena Edad Media, cuando a la carta de los Derechos Humanos le quedaban aún unos cuantos siglos por nacer, parece increíble que semejante sistema tuviese lugar. Más allá de la caridad religiosa, el entendimiento entre humanos, en este caso mujeres, en base a una experiencia de vida similar, hizo posible un lugar de sanación a pesar de los prejuicios sociales de la época y de la hipocresía de las autoridades, a quienes les salió el tiro por la culata pues, gracias a su prohibición, las prostitutas salieron fortalecidas y las monjas beneficiadas. Y yo, cada vez que pase por la calle de las Egipcíaques, me imaginaré a ciertas damas orinándose encima de un paso, y salpicando a aquellos que debían haber mirado el paso, no a las putas.


Próxima visita: "LA PRESÓ DE LA INQUISSICIÓ".